lunes, 1 de marzo de 2010

150 años de Historia Invaluable 1860-2010

Llegamos hoy puntuales a la cita.

La comunidad escolar, aquí representada, acude en actitud de júbilo a la celebración de uno de los acontecimientos trascendentales de nuestra historia.

No podría ser de otra manera.

Este día se cumple el sesquicentenario de la fundación del Benemérito Instituto Campechano.

Bienvenidos sean todos los convocados a este reencuentro generacional.

Esta es hora buena para repasar el calendario evocando la memoria de los que nos antecedieron en la conducción de este colegio. A ellos les expresamos nuestro mejor reconocimiento.

Lo hacemos con especial énfasis en la figura del primer rector, Don Tomás Aznar Barbachano, quien tanto hizo por este Estado al que contribuyó a dar origen y rumbo.

Don Tomás Aznar, con su talento brillante, hizo grandes aportaciones al Estado naciente. Y lo hizo con la mejor cualidad que puede enaltecer a un hombre bien nacido: precisamente demostrando en todos su actos el atributo de la lealtad.

Aznar Barbachano, fue siempre leal al Prócer Pablo García de quien fue alma gemela, pero sobre todo fue leal a Campeche, Estado al que sirvió con la generosidad propia de los hombres de virtud.

Hace 150 años, en este augusto claustro, Don Tomás Aznar bosquejó al camino del nuevo colegio que surgía al amparo de las ideas renovadoras de su tiempo.

La evolución del pensamiento universal y las transformaciones experimentadas en el campo de las ciencias y las artes, hacía propicia la apertura de instituciones que impulsaran nuevos modelos de enseñanza.

El ideario de Augusto Comte figuraba entonces como el eje central de una nueva corriente filosófica educativa.

Nada que fuera ajeno a la observación y a la experimentación y nada que estuviera al margen de los valores universales podría ser materia de interés para la didáctica.

El positivismo de Comte magistralmente interpretado en México por Gabino Barreda, se sumó al denso caudal de las ideas renovadoras del Presidente Juárez.

Las condiciones estaban dadas para edificar un nuevo modelo de instrucción en Campeche que reafirmara nuestros signos de identidad.

Así lo interpretó el Gobernador Pablo García quien dispuso la fundación del nuevo colegio.

El 2 de febrero de 1860 surgió el Instituto Campechano como una luz de esperanza para la juventud de este Estado.

El rector fundador advirtió en el instituto que vio nacer, la piedra saliente en la que se sustentaría la educación superior que debería alentar la nueva y prometedora entidad.

Treinta lustros han pasado, y el vaticinio de Aznar, que pronunció con la fe de los augures, se ha cumplido puntualmente, como lo prueba el extenso expediente de este colegio que ha sido Alma Mater de millares de campechanos cuyo perfil profesional se ha decantado en nuestros añejos salones.

Es esta buena hora para volver la mirada al pretérito y recordar a los maestros ilustres que hicieron de la cátedra un devocionario laico.

Es hora ésta de evocar la memoria de los ilustrados maestros como Patricio Trueba y de Regil, cuya sabiduría trascendió las fronteras de su espacio y de su tiempo. Y con él evocar a la pléyade de mentores que han sido honra y prestigio de nuestro años o colegio.

Esta es hora propicia para expresar que mucho nos enaltece que hayan pasado por nuestras aulas destacados mexicanos que han brillado en la judicatura y en la política; en las ciencias y en las artes.

A nuestro colegio le cabe la honra de haber forjado a numerosos campechanos que han contribuido a la grandeza de México.

Entre ellos figura con intensidad el nombre de Francisco Carbajal y Gual, quien fuera presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y Presidente Interino de México.

En nuestro listado de honor figuran Don Joaquín Baranda Quijano y Doña María Lavalle Urbina, quienes transitaron por nuestras aulas de estudio y ahora reposan en la rotonda de las personas ilustres de México.

José Vasconcelos, el maestro de la juventud, fue matriculado en este centro de estudios, como lo fue Don Ricardo Contreras Bobadilla quien fuera un educador preclaro que brilló con intensidad en la América Central a la que iluminó el genio de Rubén Dario, ese poeta excelso que fue su alumno predilecto.

Francisco Field Jurado, quien fue alumno y maestro del instituto, siendo Senador de la República tuvo el valor de denunciar los intentos de celebrar tratados que implicaban grave perjuicio para la Nación; y lo hizo con decisión y coraje, a costa de su propia vida.

De inicios del siglo pasado habría que significar la sapiencia del Maestro Enrique Hernández Carbajal, y en fechas más recientes, la tríada, conformada por Ramiro Rodríguez Aguayo, Mario Rivas Cervera y Guillermo González Galera.

Podríamos ampliar este listado de honor, porque es extenso el número de campechanos destacados que han tenido como común denominador ser egresados del Benemérito Instituto.

Y al hacerlo, no nos guiaría el insano propósito de la ostentación.

No, por nuestras firmes convicciones no podría ser ese el afán que nos alentara.

Sólo miramos el pasado, porque la efeméride lo amerita, y porque entendemos bien que es el mejor ejercicio para fortalecer nuestro ánimo, precisamente en este día en el que nos disponemos a emprender los nuevos y apasionantes caminos que nos depara el porvenir.

150 años es una buena medida de tiempo para rellenar las alforjas de nuestra comunidad escolar con nuevos ingredientes de fe y esperanza.

A ello contribuyen los acontecimientos más cercanos.

El pasado 23 de diciembre se publicaron en el diario oficial del Estado nuevas disposiciones legislativas relacionadas con esta institución, las cuales precisamente el día de hoy entran en vigencia.

Merced a esas disposiciones legislativas contamos con una nueva ley constitutiva del Instituto Campechano, en la que se le provee de plena capacidad jurídica para ejercer autonomía operativa y de gestión.

Se decretó también la declaración formal de la Escuela Normal de Educación Primaria como Benemérita del Estado, lo que llena de orgullo a los alumnos y a los docentes, pero especialmente a los egresados de esa Centenaria escuela.

También contamos por acuerdo del Congreso del Estado con una nueva Ley Orgánica que precisa las reglas para la conformación de una renovada institución que en breve iniciará un proceso de transformación integral.

La nueva norma que declara la autonomía del Instituto Campechano abre posibilidades infinitas para la consolidación de este centro educativo.

No podía haber una mejor aportación al Instituto, en la celebración de su 150 aniversario.

Gracias Señor Gobernador. Gracias por su valiosa contribución a este centro de enseñanza.

Ello nos compromete a redoblar esfuerzos en el tramo que ahora iniciamos.

Y conviene esto subrayarlo: No venimos a celebrar hoy la conclusión de un ciclo. Venimos a nutrirnos con orgullo del pasado para iniciar con firmeza y vigor una nueva etapa.

¡Regocijémonos en esta fiesta colectiva!.

Existen suficientes motivos para celebrar este aniversario estelar.

Lucha razón le asiste a la Maestra Martha Medina: ésta es una institución con un pasado de gloria, y a ese pasado debe corresponderle, sin excusa que valga, un presente de luz.